Puedo ver lo que ocurre a mí alrededor, las hojas de los árboles se balanzean de un lado a otro. Danzando y acompasando mi final. Los chasquidos cada vez más fuertes como alfileres cayendo en cascada me sumergen en un estado de ensoñación. Todo mi cuerpo me pesa demasiado y noto como voy perdiendo el equilibrio. Casi flotando poco a poco me voy dejando caer. Al llegar al suelo siento frío, me estremezco. En segundos me vuelve a invadir una tremenda tranquilidad. Todo está en silencio. Un rayo de luz golpea mi cara y mis ojos se cierran asustados y rendidos. Ya solo siento mi cuerpo por dentro, ya no siento nada. Ya no quiero sentir nada.

A veces, rendirse es una dulzura. En general, no lo recomiendo, aunque hay cosas contra las que ya no vale la pena luchar. Si te rindes, que sea para dejar de pelear contra lo que ya está perdido. La vida no es una lucha, dice Jerry, sino un juego.
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