17/06/2010

Una buena racha

Sin duda, estoy de racha. Llevo la mejor semana… espera, espera, que digo, llevo el mejor mes desde hace mucho tiempo. Tengo una suerte tremenda, incluso empiezo a pensar que envidiable. Voy por la calle y lo noto, soy la envidia del barrio.

Digamos que soy afortunada, el destino se regala conmigo. Me previene de catástrofes irreversibles, me advierte siempre de lo peor, y a cambio, me ofrece pequeñas e indeseables situaciones. Me da calor con continuas y acogedoras frustraciones, y me tira piedrecitas como un enamorado para que no me duerma.

Por eso, te doy las gracias. Gracias por dejarme tirada el sábado pasado porque seguro que esa noche habría acabado con un coma etílico. Gracias por alejarme a Antonio porque seguro que acabaría siendo pareja de un tipo soso y aburrido, mil gracias. Gracias por dejarme sin plan para el viernes porque una amiga ha quedado con un ligue que se muere por sus huesos, gracias porque ese día seguro que al coger el ascensor me habría quedado encerrada con pocos minutos de oxígeno. Muchas gracias por librarme de ese mal rato. Gracias por hacer que me paguen poco y no pueda irme de casa de mis padres, porque si no con la crisis ya no podría pagar el alquiler del piso y viviría bajo un puente. Gracias, por hacer que la mitad de mis pacientes se vayan, porque ya no soportaba a ninguno, mil gracias.

Gracias por hacerme poco sabia porque así siempre tendré algo que aprender, aunque sea lo mismo que ayer porque ya se me habrá vuelto a olvidar. Gracias, por hacerme llegar amigos que me explican lo bien que lo pasan porque así aprenderé de los actos de los demás. Gracias, por enviarme amigas que me demuestran mis puntos débiles y me los estampan en la cara, porque así aprenderé de mis golpes. Gracias por hacer que me ponga hormonal cuando todo esto me pasa porque así lo sentiré todo mucho más.

Y por último, gracias por hacerme como soy y porque el piso en el que vivo sea un bajo porque sino me estaría tirando por la ventana. Gracias, pero por favor para la próxima prefiero tener un poquito más de mala suerte.

Amen



23/05/2010

El hermano pequeño

¡Qué suerte tienes de ser el pequeño! ¡Ja! Me río de esos comentarios.

Ser el hermano pequeño es peor, y es que aunque crezcas física y mentalmente siempre seguirás siendo el pequeño. Sí, no lo dudes. En la mente de los adultos, en su iris, en su retina en su nervio ótico y en su cerebro aún seguirás siendo ese bebe que babeaba, hacía pucheros y se sacaba los mocos.

Tu opinión dejará de tener importancia, es como si tu voz sonara a balbuceo, agu, ajo, ama… nunca parecerá que dices algo con sentido, y tus quejas por muy sonoras y razonadas que sean no pasaran de ser meras palabras ruidosas que acallar con un chupete o un biberón.

No tomaran en serio lo que digas, con suerte y como mucho serás gracioso. A las malas, pensaran que es una rabieta más de un pequeño caprichoso y egoísta. Como si no entendieras de qué va la vida y tus preocupaciones no fueran lo suficientemente importantes en comparación a las suyas.

Todo se habrá planeado, organizado y hablado antes de que puedas participar en el incidente. Tu presencia no será necesaria para acontecimientos importantes o de alta responsabilidad. Siempre habrá otras personas para dirigir esos sucesos. Sí, personas añejas que capacitadas o no, ya llevan varios años en ese puesto y por ese motivo se les considera capacitados. Los resultados no se tendrán en cuenta, únicamente la estabilidad de la estructura del grupo familiar y que no se rompan los patrones de actuación “pero si siempre se ha hecho así”.
No te esfuerces todo lo que hagas caerá en saco roto.



28/02/2010

Sin más


Las horas me pasan despacio, el invierno es demasiado largo.
Tengo faena y hay personas esperando que la acabe.
Aún no me han pagado, llevan meses de retraso.
Detrás del teléfono ya no hay nadie, aunque me olvidé de marcar.
No me reflejo en nadie, no quiero parecerme a nada.
Mi habitación no vuela, está estancada.
Tengo faena.
Último los detalles, si el humor me acompaña será perfecto.
Pero no lo será.
Entrego al editor mi biografía rota.
La rabia de vez en cuando baila en mi salón.



25/12/2009

Juan sin miedo


De pequeña no tenía miedo a nada. Para mi era imposible que algo malo o terrible ocurriera. Claro, más allá de que me preguntaran en clase y no tuviera ni idea de la lección. Pero con mis tres hermanos y mis padres de guardaespaldas, nada malo me podía ocurrir, ni a mi, ni a los demás de mi alrededor.

En mi casa la gente se preocupaba cuando alguien estaba enfermo, y yo no lo entendía. No iba a pasar nada que fuera malo ¿por qué se ponían tan serios? ¿por qué guardaban silencios largos? a mi me parecían situaciones raras y más bien me daba por reír. Creo que alguna vez alguien dijo que no me enteraba de nada. Y ahora pienso que tenían razón.

En ese tiempo a mi padre le dieron dos infartos y mis predicciones se cumplieron, no pasó nada malo.

Con el tiempo te das cuenta que no siempre es así, que no tiene que ocurrir lo peor, pero las cosas dejan de ser como eran. Ahora tiene medio corazón dañado. Y como esto mil cosas más.

La inocencia se pierde, y la frustración y el miedo afloran a cada paso. Te das cuenta que no por estudiar apruebas, que no por mucho formarte consigues el trabajo que quieres, que no por tener el trabajo que quieres ganas lo que te gustaría (un sueldo mínimo). Que aunque tengas el carnet de conducir no conduces, que aunque hayas estudiado inglés no hablas inglés, que aunque hayas estudiando en catalán no dominas el catalán. Y que aunque tengas mil amigos, a veces sigues sintiéndote solo.

En el trabajo fallaste eso que pensabas que tenías por la mano. El chico que te gusta no te hace caso y el que te hace caso no te gusta. Si te hace caso tienes miedo a que vaya mal, y si no te gusta tienes miedo de que no te guste nadie más o piensas que quizá estés siendo muy exigente. Total que al final ya no sabes lo que quieres.

Yo, hace cuatro meses quería un novio, después cambié y quería un perro, ahora me conformo con una guitarra... y a ver si consigo tocarla.

19/10/2009

No me digas tal vez, quizá, puede que, mañana...

Podemos precedir que algo irá mal, y entonces, estamos avocando la situación al desastre seguro, porque proyectamos de forma negativa, y por lo tanto, el esfuerzo es menor y las conductas se vuelven rocambolescas y enrevesadas.


Pero quizá, en todo ese entramado haya una parte de nosotros que quiere que no vaya bien. Una especie de sexto sentido que nos dice, que lo mejor es que la situación empeore. Porque inconscientemente, sabes que algo no funciona.


Por lo tanto, llegados aquí se puede decir que todo final, es un buen final. Y es que, a veces, es necesario que las cosas vayan mal, para poder rehacerlas. ¿Por eso será que pisar mierda trae buena suerte? No lo sé, lo que si tengo claro, es que todo final nos trae un principio de algo nuevo.

Y aquí algo se ha roto...


30/07/2009

No tiene fondo

Estamos de camino a una gran caída, un gran porrazo, quizá vayamos hacia el final de nada sin darnos cuenta. O mejor, quizá avancemos hacia algo consistente pero flexible a la vez, un gran colchón. Vamos muy despacio, avanzamos muy lentamente. Pero no se sabe hacia qué, bueno en verdad, prefiero no saberlo. Tampoco nadie sabe que pasará mañana.

Pero no puedo dejar de preguntármelo, de darle vueltas. Me faltan cosas. Creo que me faltan llamadas, me faltan e-mails, me faltan mensajes, me faltan besos, me faltan abrazos. Creo q falta iniciativa. Lo malo es que me faltan esas mismas cosas que yo no hago, que yo no doy. Y hay una frase que dice que “el que quiere recibir tiene que empezar dando”.

Ese es el gran problema, que cuesta dar. Prefiero mantenerme en mi coraza, de fuerza, de indiferencia, de no hay dolor, de no hay sentimientos, de no hay interés, de me da igual, de así no sufro, de tú por aquí yo por allí. Sin embargo, esta coraza creo que lo único que hace es distanciarme más de lo que tengo o quisiera tener cerca algún día.

Quizá todo se base en querer dar, en ese pequeño salto de fe. En los detalles, en esos pequeños momentos que puedes regalar.

Quién sabe, puede que otra vez más, le haya hecho sitio a mi mala suerte y a mis ganas de acertar. Algún día nos reiremos de esto tomando una taza de te.

23/06/2009

Una reflexión

Pisamos un mundo de normas. Somos diferentes unos a otros, sí, pero dentro de unas pautas que nos han impuesto desde la iglesia, desde casa, desde el colegio, desde la televisión, desde las empresas…


Los padres quieren proteger a sus hijos de todos los males y peligros, por lo que, los defienden y los mantienen en casa hasta edades avanzadas, y actúan por ellos con un “pobrecito está estresado”. Así es imposible crear un cajón lleno de soluciones independientes que sirvan para la vida cotidiana.


Luego vamos a la escuela, allí hay que pedir permiso para todo. Pide permiso para ir al lavabo, siéntate en esa silla, no escribas en los márgenes, entrega un trabajo sobre este tema, escribe con letra Arial, a tamaño 12 y a doble espacio. ¡No te bases nunca en tu propio juicio! Al final, el alumno tiene miedo a pensar por sí mismo. Dónde están esas asignaturas donde se fomenta la creatividad, la reflexión, la expresión de emociones y la resolución de problemas. Algo tan importante para la vida cotidiana y tan poco fomentado.


La moda. Cada año las tendencias cambian, si no cambiaran, los empresarios textiles no podrían sobrevivir. Todos vamos como locos a comprarnos esas estupendas camisetas a las tiendas, no porque nos falten camisetas en el armario, no, las compramos porque están de moda. Y dejamos en el armario las que compramos el año pasado porque ya no se llevan. Y si te la pones, piensas que no ligarás nada. Parece absurdo pero son los valores que se transmiten en esta cultura. Hasta que a alguien se le ocurra una idea con la que saque beneficio si hacemos justo lo contrario.


Nos compramos cremas para las arrugas porque las arrugas son horrorosas y deprimentes según nos repiten, una y otra vez, los mensajes publicitarios. Esto lo único que hace es que nos volvamos personas influenciables y dependientes de las modas y las apariencias. Con necesidad de aprobación sobre la sociedad que nos rodea. Las empresas publicitarias nos crean inseguridades para luego "proporcionarnos" (de forma fantasma) con sus productos esa seguridad, esa aprobación y esas ganas de ser deseado.


Y en las noticias nos hablan de la pandemia de la gripe, creando alarma en la sociedad, al mismo tiempo que los farmacéuticos empiezan a frotarse las manos deseosos de vender al estado sus vacunas. Escuchamos lo que otros deciden que es importante y lo escuchamos enfocado como a ellos les conviene.


Hasta aquí mi reflexión.