Podemos precedir que algo irá mal, y entonces, estamos avocando la situación al desastre seguro, porque proyectamos de forma negativa, y por lo tanto, el esfuerzo es menor y las conductas se vuelven rocambolescas y enrevesadas.
Pero quizá, en todo ese entramado haya una parte de nosotros que quiere que no vaya bien. Una especie de sexto sentido que nos dice, que lo mejor es que la situación empeore. Porque inconscientemente, sabes que algo no funciona.
Por lo tanto, llegados aquí se puede decir que todo final, es un buen final. Y es que, a veces, es necesario que las cosas vayan mal, para poder rehacerlas. ¿Por eso será que pisar mierda trae buena suerte? No lo sé, lo que si tengo claro, es que todo final nos trae un principio de algo nuevo.
Estamos de camino a una gran caída, un gran porrazo, quizá vayamos hacia el final de nada sin darnos cuenta. O mejor, quizá avancemos hacia algo consistente pero flexible a la vez, un gran colchón. Vamos muy despacio, avanzamos muy lentamente. Pero no se sabe hacia qué, bueno en verdad, prefiero no saberlo. Tampoco nadie sabe que pasará mañana.
Pero no puedo dejar de preguntármelo, de darle vueltas. Me faltan cosas. Creo que me faltan llamadas, me faltan e-mails, me faltan mensajes, me faltan besos, me faltan abrazos. Creo q falta iniciativa. Lo malo es que me faltan esas mismas cosas que yo no hago, que yo no doy. Y hay una frase que dice que “el que quiere recibir tiene que empezar dando”.
Ese es el gran problema, que cuesta dar. Prefiero mantenerme en mi coraza, de fuerza, de indiferencia, de no hay dolor, de no hay sentimientos, de no hay interés, de me da igual, de así no sufro, de tú por aquí yo por allí. Sin embargo, esta coraza creo que lo único que hace es distanciarme más de lo que tengo o quisiera tener cerca algún día.
Quizá todo se base en querer dar, en ese pequeño salto de fe. En los detalles, en esos pequeños momentos que puedes regalar.
Quién sabe, puede que otra vez más, le haya hecho sitio a mi mala suerte y a mis ganas de acertar. Algún día nos reiremos de esto tomando una taza de te.
Pisamos un mundo de normas. Somos diferentes unos a otros, sí, pero dentro de unas pautas que nos han impuesto desde la iglesia, desde casa, desde el colegio, desde la televisión, desde las empresas…
Los padres quieren proteger a sus hijos de todos los males y peligros, por lo que, los defienden y los mantienen en casa hasta edades avanzadas, y actúan por ellos con un “pobrecito está estresado”. Así es imposible crear un cajón lleno de soluciones independientes que sirvan para la vida cotidiana.
Luego vamos a la escuela, allí hay que pedir permiso para todo. Pide permiso para ir al lavabo, siéntate en esa silla, no escribas en los márgenes, entrega un trabajo sobre este tema, escribe con letra Arial, a tamaño 12 y a doble espacio. ¡No te bases nunca en tu propio juicio! Al final, el alumno tiene miedo a pensar por sí mismo. Dónde están esas asignaturas donde se fomenta la creatividad, la reflexión, la expresión de emociones y la resolución de problemas. Algo tan importante para la vida cotidiana y tan poco fomentado.
La moda. Cada año las tendencias cambian, si no cambiaran, los empresarios textiles no podrían sobrevivir. Todos vamos como locos a comprarnos esas estupendas camisetas a las tiendas, no porque nos falten camisetas en el armario, no, las compramos porque están de moda. Y dejamos en el armario las que compramos el año pasado porque ya no se llevan. Y si te la pones, piensas que no ligarás nada. Parece absurdo pero son los valores que se transmiten en esta cultura. Hasta que a alguien se le ocurra una idea con la que saque beneficio si hacemos justo lo contrario.
Nos compramos cremas para las arrugas porque las arrugas son horrorosas y deprimentes según nos repiten, una y otra vez, los mensajes publicitarios. Esto lo único que hace es que nos volvamos personas influenciables y dependientes de las modas y las apariencias. Con necesidad de aprobación sobre la sociedad que nos rodea. Las empresas publicitarias nos crean inseguridades para luego "proporcionarnos" (de forma fantasma) con sus productos esa seguridad, esa aprobación y esas ganas de ser deseado.
Y en las noticias nos hablan de la pandemia de la gripe, creando alarma en la sociedad, al mismo tiempo que los farmacéuticos empiezan a frotarse las manos deseosos de vender al estado sus vacunas. Escuchamos lo que otros deciden que es importante y lo escuchamos enfocado como a ellos les conviene.
Una sensación nueva. Un desequilibrio. Creo que ya no podré decir “a mi no me ha pasado”. Esa frase que últimamente tanto he repetido. Esa fuerza, esa sensación que tanto he anhelado y que quizá por eso haya ocurrido, aunque sea por unos instantes y aunque ahora pueda creer que sea mentira.
A veces tengo ganas de huir, dar la espalda, tomar el camino fácil, salir de esto. Esto que después de tanto anhelarlo me asusta. Pero ahora es cuando quiero que mi otro yo salga, que salga del bote y que construya. Que se olvide todo, que no calcule, que no observe más y que vuele más que nunca. Porque los miedos nos estancan y nos convierte en personas que no somos y no al revés. No podemos huir de nosotros mismos, de nuestro nombre aunque no nos guste.
No tendríamos que dejar de decir lo que sentimos en cada momento, porque siempre se entiende todo mucho mejor desde la emoción, desde el sentimiento. Aunque nuestra mente y nuestras palabras se empeñen en disfrazarlos, a veces con excusas.
Un fin de semana arriba, muy, muy, muy arriba ha sido suficiente. Ya no lo soportaba más. El desgaste ha sido excesivo, estoy rota, cansada. Lo peor de todo es que ha sido inevitable. Mi Olga maníaca ha construido una ciudad entera sin mi permiso.
Yo la miraba perpleja, mientras la iba guiando y dando pasos para construirla, pero no me hacía caso, como si yo no estuviera, como si no me escuchara. Creo que está sorda. Yo la veía como alzaba torres presuntuosas y admirables con adornos brillantes y lustrosos. Creo que hasta se me calló una lágrima al observar aquel paisaje.
Lo que tenía que pasar pasó. Esa ciudad construida en un día y con mínimos recursos se ha destruido de la misma forma que se creó. Era previsible. Mantenerla iba a ser demasiado costoso y complicado, la cantidad de canteras necesarias debe ser inimaginable. Así que, por ahora allí, no se puede vivir.
Tranquilos, no os preocupéis, estáis a salvo, he mentido a Olga maníaca en un bote y de aquí ya no sale.
Siempre acaba utilizando el mismo patrón, siempre acaba cometiendo los mismos errores. Allí en el mismo sitio, en el mismo punto y de forma tan predecible que a veces da miedo.
Tanto miedo que la tengo bien metida y tapada en el bote pero cuando sale... no sabe que hacer con todo lo que ve, es feliz, se vuelve loca, se desborda, se sobrepasa, su mente va tan rápido que no procesa, se descontrola. Quizá ese sea el problema. Habrá que sacarla más a menudo del bote e irle buscando recursos para que poco a poco vaya construyendo su ciudad.
Sin duda, nos están vigilando. Debemos tener pinchados los teléfonos y posiblemente nos sigan con la intención de averiguar cuales son nuestros contactos. Aún así, no sabemos a que grupo pertenecen, pero están ahí. Toda mi familia lo creemos y vamos con cuidado. Hay que ser prudentes.
Todo esto por la gran cantidad de mensajes cifrados que se envían desde mi casa a diferentes partes de España. Sobretodo van dirigidas a Barcelona, Granada y Mallorca. Aún así, muchas de ellas se generan aquí mismo y no salen de la puerta. Por eso, sospechamos de la instalación de cámaras de video por las habitaciones.
Ayer, dos señores con barba y carpetas en mano estaban por la escalera hablando con los vecinos. Paula, sé que eran ellos. La verdad es que no me extraña. Los pedidos están aumentando y nos estamos moviendo con una cantidad enorme de códigos secretos. De alguna forma, quieren ir a por nosotros. Estamos llamando mucho la atención.
Le di un aviso a mi madre. Como ya sabes, es la dueña del negocio, es la gran experta en la creación de mensajes en clave. No puede seguir trabajando a este ritmo. Con tanta creación de mensajes cifrados acabaremos poniendo en peligro nuestra vida y la de los demás. Si esto sigue así… nos vamos a ver inmersos en una oleada de asesinatos.
Bien, me pongo en contacto contigo para proponerte que te ocupes de todo el excedente que estamos generando. Como ya te he comentado, tenemos mucha producción y no podemos dar salida a todo, y menos en las condiciones en las que nos encontramos ahora mismo. Debemos actuar antes que sea demasiado tarde.
Paula, te paso algunos mensajes para que tu misma compruebes la calidad.
“Tengo que pedirle una ficha al médico para que me arregle el pelo.”
“No te acerques a ninguna barandilla que te pueda coger”
Quisiera explicar tantas cosas que las ideas se me entremezclan y no consigo sacar nada, no logro desliarlas. No voy a mentir, quisiera hablar del amor, de la soledad, del dolor, de la imaginación, de la cultura, del cine, de las mentiras, de las ilusiones, del sexo, de las proyecciones, de los caminos, de la seguridad en uno mismo, de la amistad, de la confianza, del respeto, del deseo, de la frustración, de la imperfección… de tantas cosas, que supongo que hasta que yo no logre desliarlas no las podré explicar.
El problema no es hablar de esto, lo difícil aquí es hablar con la verdad absoluta en la mano. Eso es lo que yo me exijo, por eso no puedo hablar de todo esto aún, porque todavía no sé nada. No tengo nada claro. Sigo desenmarañando ese ovillo de hilos de colores negros, amarillos, verdes, grises, blancos, lilas, rojos, naranjas, azules… y mil tonalidades más, pero no encuentro ni el principio ni el fin. Y en muchas partes encuentro nudos enormes, que me parecen imposibles de desliar.
Quizá sepa como desliarlo y no quiera hacerlo. A lo mejor me va bien entretenerme desliándolo y creando más nudos mientras lo intento desliar. ¿Qué haría si no tuviera nada que desliar? La realidad a veces nos la complicamos. La realidad no siempre es bonita. A veces, es preferible cerrar los ojos, y seguir caminando.
Ahora sigo caminando desnuda y sin mirar hacia atrás. Me incomoda, me inquieta, siento más todo… el calor, el frío, la soledad. Para llegar a ser quienes somos tenemos que poder eleguir y decidir si queremos poner a prueba nuestros límites. Quizá este sea el momento.