28 may 2008

Barcelona

Hoy caminando por Barcelona me doy cuenta que las calles aún huelen a ti. Todavía a veces, recuerdo nuestras caminatas a media luz por las calles de Barcelona. Andábamos y andábamos toda la noche hasta que se nos hacía tarde. Mientras paseábamos te dedicabas a cantar cualquier canción, y yo, me las acababa aprendiendo porque te emperrabas hacer la segunda voz.

Contigo las calles tristes y grises del centro de Barcelona cambiaban de color. Nos besábamos en cada esquina, en medio de la calle parando los coches, en la playa, en el bar… da igual dónde estuviéramos y quién hubiera delante. Bailábamos en la calle, cantábamos cualquier canción de dibujos, imitábamos a cualquier personaje o me enseñabas lo que habías aprendido en tus clases de canto.

Me mirabas a los ojos y sabías lo que pensaba. Me enseñaste a hablar de mis sentimientos, de mis emociones, me enseñaste a dar un paso más, a dar un beso, un abrazo, a cogerte de la mano, a romper las barreras, los miedos, me mostrabas la vida de otra forma y después de todo también me enseñaste lo difícil que puede ser olvidar a alguien.

Ahora que ya no estás, los recuerdos me vienen a la cabeza como una película en la que la protagonista era yo. Sin embargo, ahora ni siquiera eso lo tengo claro, y de esto no hace tanto, pero aun así, lo recuerdo todo borroso.

La última noche que nos vimos, supe que iba a ser la última. Lo decidí en ese mismo instante. Sabía que no quería volver a verte, y tú también lo sabías. Después nos cruzamos miles de palabras, reproches, esperanzas, excusas, añoranzas…

Pero desde entonces… no nos hemos vuelto a ver. Ni nos volveremos a ver.


17 may 2008

Ausencia


Tocó el timbre. Esperó unos instantes pero no contestó nadie. Al final, decidió abrir la puerta, con aquella enorme llave que había guardado durante tanto tiempo. Abrió la puerta con un poco de esfuerzo y entró en la casa.

-Hola… ¡hola!- no se escuchaba nada y no se veía ninguna luz.

-¿Hay alguien?- gritó, para asegurarse. A esas horas normalmente siempre había alguien, pero hace mucho tiempo. Que raro nadie contesta, pensó para sí.

Cerró la puerta y sin encender la luz decidió recorrer todo el pasillo hasta llegar al salón. La verdad es que se conocía el camino de memoria. Durante mucho tiempo él había estado viviendo allí, hasta que la Sra. Petranila, una anciana muy agradable que siempre guardaba luto a su marido, murió de cáncer. Al acercarse al salón le pareció ver que había un resquicio de luz. Quizá habrá alguien, pensó.

Era un salón amplio, de una de esas antiguas casas en las que el mobiliario está sobre recargado y las paredes están llenas de cuadros de antepasados familiares. Ya hacía mucho tiempo que deberían haber vendido la casa, pero nunca encontraron el comprador adecuado.

Al entrar al salón vio que el televisor estaba encendido, pero no se escuchaba nada. En la pantalla aparecían unos personajes que se reían, parecía un concurso. Alguien se habrá ido sin darse cuenta que estaba encendida, se apresuró a pensar. Más tarde se atrevió a especular para sí mismo, quizá habrán salido todos juntos a ver aquella obra de teatro, y sin resignarse a la realidad, gritó -¡me podrían haber dicho algo!-

-Quién sabe- se limitó a decir finalmente, mientras se dirigía a la habitación que había ocupado durante tanto tiempo. Fue caminando poco a poco pues aunque se conociera el camino, no quería tropezar. Al abrir la puerta se encontró que la ventana estaba medio abierta y entraba un poco de luz de la calle. Pero no había nadie, como era de esperar. Todo estaba tal y como lo recordaba, aunque ya no había nada que personalizara esa habitación. Como movido por un latigazo se fue aprisa al salón y abrió el mueble bar. Todavía esperaba encontrar alguna botella de whisky que se habría dejado la última vez que quedó allí para echar un polvo, vete a saber con quién. -Sí- aún estaba la botella. En su cara se dibujó una sonrisa.

Cogió un vaso y buscó hielos en la cocina. Pero no iba a tener tanta suerte esa noche. Pegó un trago al whisky mientras iba de camino al salón. Miró a su alrededor. Todo le parecía estar igual que hacía años. Finalmente, se sentó en un sillón verde de terciopelo. Al sentarse se hundió y casi se le cae el whisky. Pero tal y como estaba se sentía cómodo. Ni siquiera cambió de canal ni subió el volumen. Estuvo bebiendo toda la noche… hasta que se durmió.


9 may 2008

Me quedo con lo de antes

Hoy lo he visto claro. Creo que a partir de los treinta años, además de preocuparme por las arrugas, patas de gallo y demás, que la gente dice que empiezan a salir a esa edad. Y que, entre nosotros, creo (happy de mí)… que me van a dar un punto de madurez perfecto a mi eterna cara de niña. Bueno a lo que iba, mi preocupación máxima será como llegar a fin de mes.

Estamos adentrándonos en una gran crisis y que aunque los políticos lo nieguen, hacía tiempo que se veía venir. En las tiendas todo está carísimo, sin embargo, en mi trabajo no me pagan más de cinco euros la hora. Por suerte o por desgracia, hago pluriempleo y por trabajar la mitad de lo que trabajo por las mañanas, gano lo mismo por las tardes. Y aun así, no siempre soy mil-eurista. Pero ahora, no tengo preocupaciones porque todavía vivo en casa de mis padres (y esto lo digo mientras se me cae la cara de vergüenza, para los que no me veáis).

No, no es la primera vez que me lo planteo. Pero hoy lo he vivido como una pesadilla. A partir de los treinta mis máximas preocupaciones serán si podré pagar el alquiler, o la hipoteca (que no se que es peor), la comida, el agua, el gas, la electricidad, unas bambas nuevas, una sudadera, un pantalón, un abrigo, un libro, el teléfono, el transporte, un CD, las lentillas, cursos de formación, el tabaco, un concierto, internet, preservativos, vacaciones. La cuestión, es que, más que preocupaciones serán realmente problemas.

Si lo pensamos bien todo lo demás son simples preocupaciones. De pequeño te puedes preocupar si no has hecho los deberes, si la barbie ha perdido los zapatos, si has vuelto a jugarte canicas y las has perdido todas, de ser el primero en la fila, si la plastilina se ha llenado de mierda o de un color gris asqueroso. Un poco después te preocupa… si el chico que te gusta te ha mirado o no, que no se te vea ese horroroso grano que te ha salido esa mañana, que tu mejor amiga se va a vivir fuera, si ese verano no podrás ir al pueblo, quieres darle un beso a un chico y no sabes cómo, tu mejor amiga pasa de ti y se va con otra, qué estudiarás más adelante…


Ahora, creo que hay pequeñas preocupaciones que parecen darle un pequeño punto de emoción a la vida. Pero si hablamos de dinero… la cosa cambia.