29 mar 2008

Dulce

Siento un fuerte dolor en mi cabeza y pequeños chasquidos invaden mis oídos. Puedo escuchar gente, pero a lo lejos, no distingo con nitidez lo que dicen. Ya no tengo fuerzas. No quiero dormirme o todo acabará aquí. No siento nada, soy incapaz de sentir. Mis órganos podridos se han deteriorando con el tiempo. Desgarrados, golpeados, inutilizados han dejado de funcionar. Aun así, mis ojos no paran de derramar lágrimas. Gotas que recorren mi cara, sólo son eso.

Puedo ver lo que ocurre a mí alrededor, las hojas de los árboles se balanzean de un lado a otro. Danzando y acompasando mi final. Los chasquidos cada vez más fuertes como alfileres cayendo en cascada me sumergen en un estado de ensoñación. Todo mi cuerpo me pesa demasiado y noto como voy perdiendo el equilibrio. Casi flotando poco a poco me voy dejando caer. Al llegar al suelo siento frío, me estremezco. En segundos me vuelve a invadir una tremenda tranquilidad. Todo está en silencio. Un rayo de luz golpea mi cara y mis ojos se cierran asustados y rendidos. Ya solo siento mi cuerpo por dentro, ya no siento nada. Ya no quiero sentir nada.


15 mar 2008

Huir solo hacia delante

Ayer, al salir del bar, volví a notar el aire como resbalaba por mi cara y silbaba en mis oídos. Hacía tiempo que no lo sentía. Es entonces cuando escuchas esa melodía, esa canción que todos tarareamos cuando creemos que hemos avanzado un paso, cuando creemos que algo hemos hecho bien, cuando alguien nos ha necesitado y hemos estado ahí para ayudarle o simplemente para escucharle.

Yo, sin embargo, odio depender de los demás, odio que me ayuden a hacer las cosas, odio que me corrijan o me digan lo que tengo que hacer. Ese miedo sigue acechándome, es el fantasma que yo misma me he creado. Es un fantasma ciego, y es que quizá, es imposible estar solo. Solo en el mundo, sin ayuda. Por eso, somos una sociedad porque nos necesitamos unos a otros. Somos seres imperfectos.

No puedo controlarme, a veces lo necesito. Sí, necesito que me escuchen, que me corrijan, que me motiven, que me saquen una sonrisa y me ayuden. Pero sin anularme. Ese es el miedo, ese es mi miedo. Desaparecer. Hacer lo que los demás quieren, perder la crítica, no ser nada, dejar que el miedo me venza, dejar de hacer lo que yo quiero solo y únicamente por miedo.


4 mar 2008

Colajet de Limón

Algo ocurrió, no se cómo, ni por qué. Como un día normal llegó mi hora de ir a dormir, lo último que recuerdo es que estaba en mi cama. Sin embargo, a la mañana siguiente me desperté en una cárcel de paredes blancas y con muchos barrotes. No sabía que hacía allí.

Neus me dio el chivatazo, a las diez y con mucho sigilo podría escapar. Pero tenía que andar con cuidado porque irían a buscarme. Todo salió como lo planeado. Una vez fuera, Poke me dió la pista más importante. Tenía que conseguir el botín, ¡un colajet de limón!¡era la única forma de vencer a los enemigos! no servía una gelatina roja, únicamente nos salvaría un colajet de limón.

Tras escapar de la cárcel no sabía donde dirigirme, así que subí a uno de los edificios más altos de la ciudad para poder divisarlo todo desde allí. Las vistas eran impresionantes. Me sentí libre otra vez. Allí y sin saber porque apareció un nuevo contacto, Laura. Me comentó que estaba en otra misión especial. Se había enterado de lo ocurrido y venía a entregarme un plano de la ciudad. Ahora mi deber era adentrarme en ella.

Me deslizé por una tirolina larguísima que había desde lo alto del edificio. Ya sabía cual era mi siguiente objetivo. Tras deslizarme fui a parar a los pies de un coche de autoescuela, allí dentro estaba Alicia. Con un puñetazo nos desicimos del profesor. Estuvimos dando vueltas con el coche, pero es peligroso estar en la ciudad y enseguida nos descubrieron. Tuvimos que pisar el accelerador a fondo y meternos en contra dirección para al final poder darles esquinazo. Acabamos en el barrio chino, donde entramos a comer. Allí Alicia me facilitó algo de dinero para poder comprar los colajets. No podía robarlos, si los robaba todo se iría al traste.

Con el mapa en mano me puse a recorrer la ciudad en busca de los sitios estratégicos. Al principio corría, luego caminaba. Estuve andando horas, días, semanas... no los encontraba por ninguna parte. Ni tenía nuevas noticias.

Un día, mientras pisaba las hojas secas de un parque y comía galletas, vi unos niños correr. Venían de parte de Noe, me dijeron que tenía que dirigirme al final del parque detrás de una montaña. Y allí los encontré!