21 nov 2007

Un paso más

¿Qué hago aquí? ¡Mierda! ¡Ya estoy otra vez metida en este juego! Todo está en silencio... saben que he entrado en el juego y me acechan.
Solo recuerdo que al otro lado del bosque hay un acantilado enorme. ¡No quiero ni pensarlo! Pero tengo que avanzar... sino en un momento u otro me encontrarán.

Escucho pasos... no paro de escuchar pasos por detrás ¡encima no veo nada! mis piernas corren solas, no puedo parar. ¡Ah! ¡Putas ramas! ¡me hacen daño! No se ni donde voy... pero ¡tengo que avanzar! ¡Espera! ¡mierda! ¿qué es esto?¿qué es esto que tengo en la pierna? ¡ah, que asco! ¡puta sanguijuela! Dios estoy haciendo demasiado ruido... tengo que parar, tranquilizarme... sino todo saldrá mal.

Creo que ya estoy más tranquila. No se cuanto tiempo llevo aquí. Ahora no oigo nada, solo mi respiración y el viento golpear contra las hojas de los árboles. Miro a mi alrededor y no veo nada. Bueno sí, veo algo... una sombra grande, ¡mierda! ¿qué es? me suena, sí, ya se que es. Es el tronco de aquel árbol tan grande que hay al borde del acantilado, no... otra vez, no. ¡Este camino me ha llevado al acantilado! ¿ahora que hago? Tengo que salir de aquí otra vez.

Se que si doy un paso más caeré, ¿qué hago? podría dar marcha atrás... no, otra vez, no, no. Tengo que avanzar como sea, me la juego, sí me la voy a jugar. No, espera. ¿Y si fallo? habrá acabado todo, habrá acabado todo para siempre, ¿o no?, no se ¡quizá tenga otra oportunidad!. ¿Qué hago? tengo que arriesgarme... ¡Va! ¡¡¡A por todas!!!

aaaaaaaaaahhhhhhhhhhh!!!

12 nov 2007

Indiferencia


No he podido. Me he rendido. La realidad esta vez me ha ganado terreno. Quería que empezara bien y que acabar mal. Como esos finales trágicos que tanto me gustan y que me recuerdan a las cosas que nos pasan en la vida. Unas veces crudas y, por supuesto, otras fantásticas. Pero odio los finales felices.

Aunque quizá, lo que me ha ganado esta vez es la timidez. El hecho de plasmar aquí lo que alguna vez sentí por ti y lo que hubiera deseado que pasara ese sábado. Sí, el sábado en que nos vimos. A pesar de que los dos simuláramos que no.

Quizá el culpable de todo es el tiempo, haciendo que pierdan importancia cosas que antes sí la tenían. Y que el momento fuera excitante por si, pero a la vez, indiferente. Como cuando vas a ver a tu cómico favorito y esa noche te decepciona. Aun así, sigues riéndole las gracias como siempre. Es lo que toca. Qué duro es aceptar los cambios, aceptar que te equivocas, que las cosas no siempre estarán igual y que al final ese cómico acabará siendo mediocre.

Puede ser que fuera la rabia. La rabia a toda esa indiferencia que dirigías hacia mí en los últimos cuatro años. Y que han ido desquebrajando todo lo que se pudo haber construido. Pues bien, me da igual. En su momento fuiste mi favorito pero ahora ya no.

7 nov 2007

Ya era tarde pero tu no me dijiste nada


Ya era tarde, debían de ser... las cuatro o las cuatro y media pero tu no me dijiste nada.
Estábamos en el anden del metro esperando que llegara el maldito tren. Tu mirada me lo decía todo, te estabas muriendo de sueño. La verdad es que yo estaba demasiado despierta y no paraba de hablarte mientras tu me escuchabas con los ojos cerrados, si es que me escuchabas. Fue mientras te comía la cabeza con vete a saber qué cuando apareció aquella chica joven. Y es que, ya era tarde.
Sí, era ella, ¿te acuerdas? parecía que iba sola. No pude evitar mirarla bien, creo que nunca había visto a nadie en sus condiciones ir por el metro a esas horas. Bueno, por fin llego el metro. No nos sentamos juntas, tu en un sitio y yo en otro, pero te podía ver reflejada por el cristal del vagón. Yo tenía muchas ganas de llegar a casa, supongo que tu más, pero no me dijiste nada.
Ella era como la nieve y él como el ébano. Estaban los dos dentro del metro pero en sitios diferentes. Tras una cuantas paradas derrepente ella se levantó y fue corriendo hacia el chico mientras su cara palidecía por momentos.
Creo que nadie hubiera pensado que iban juntos. Y sé que en su profundo ser ella tampoco lo hubiese deseado.
La chica casi sin voz y ahogándose le dijo que se tenía que bajar en la siguiente, porque se encontraba mal, él mirándola de reojo comentó algo a otros que iban con él. Fue entonces que le respondió que se esperara que ya quedaba poco. Ella entre convulsiones le dijo que no, que ya no podía más. Y fue entonces cuando su cuerpo empezó a retorcerse por dentro y por fuera. Y su boca escupió todo lo que llevaba sin decir durante meses, toda la mierda que se había estado comiendo sola y en silencio. Todo eso se materializaba en bilis y otras sustancias asquerosas. Él ni la miraba, ni le ayudaba, ni cambió el gesto, ni cambió la postura simplemente no la amaba.
A mi me daba asco, a ti también pero no me dijiste nada. Hubo una persona que salió corriendo pero no fue para ayudarla sino para evitar que le salpicaran. Que asco me daba. Y nadie podía hacer nada por ella. Que asco me daba. Era ella la que tenía que enviarlo todo a la mierda, aunque quizá ya fuera muy tarde. Por el tamaño de su barriga quizá nueve meses tarde.