26 oct 2008

Los espejos

A veces, te miras al espejo y te dices: hoy no es mi día. No sabes por qué pero te miras y te das cuenta que… no brillas, que no tienes esa luz que a veces desprendes, y que ese día, hagas lo que hagas, no te saldrá bien.

Así que sales a la calle, con suerte, creyendo que el espejo se ha vuelto a equivocar. Que te está cogiendo manía y que empieza a ser hora de cambiarlo. Mientras te repites una y otra vez: ¡no, no, no puede ser, hoy sí será mi día!. La otra opción, es reconocerlo y salir a la calle con la esperanza de que alguien sea capaz de demostrarte lo contrario. Pero al rato te das cuanta que te equivocas, sobretodo si lo primero que haces es coger un metro atestado de gente para después dirigirte al trabajo.

Pues el sábado por la tarde salí de mi casa con la impresión de que no era mi día pero creyendo que el espejo se había vuelto a equivocar. ¡Maldito espejo! Por suerte ese día no iba a trabajar.

Se puede decir que llevaba varios días con un tema pendiente. Aunque también se puede decir que años. Pero últimamente, me venía rondando por la cabeza. Algunas circunstancias me estaban haciendo ver que llegaba la hora de zanjar el tema de alguna manera. Siempre pensé que cuando llegara el día lo sabría y por casualidades de la vida, ocurrió sin más.

Me encontré con una amiga que hacía años que no veía. Posiblemente, se podría decir que entraba dentro de lo que se clasifica como “mejores amigos”. Aunque ahora no tengo claro que significa eso exactamente. La cuestión es que no la veía por decisión propia. Y la verdad es que fue una decisión acertada. Porque a veces para relacionarse con los demás antes hay que solucionar ciertas cosas que pueden estar pendientes con uno mismo.

Y así, sin más me la encontré. En ese momento, miles de ideas se me cruzaron por la cabeza. Desaparecer del sitio, meterme debajo de la mesa, esperar hasta que marchara, ponerme la chaqueta en la cabeza, hacer como que no la había visto, simular que yo no era yo por si me decía algo. Pero si algo he aprendido en esta vida, es que no sirve de nada evitar, ya que a veces lo que te espera es mejor de lo que pensabas.

Para mi sorpresa esa persona me recibió con un fuerte abrazo.

20 oct 2008

La chica de ayer

¿Por qué lo sabes? Por nada. Pero lo sé.

Es como si el aire de alrededor cambiara de aroma. Ni mejor ni peor, simplemente diferente. Sin darte cuenta te vas adentrando en él, como si de una gran mancha de humo se tratara, y acaba envolviéndote. Inevitablemente esa sustancia que ha cambiado el aire, ahora está dentro de ti. Recorre tu cuerpo lentamente, de punta a punta. Ahora la percibes con más intensidad. Es entonces cuando estás completamente seguro.


Son esa suma de pequeñas cosas, y a veces, no tan pequeñas. Que quieres o no quieres ver, pero que al final, acaban invadiendo tu aire. Son las que llevan a darte cuenta que todo ha acabado. Que ya nada será como ayer. Que tus labios ya no volverán a besarme de esa forma tan dulce y con tanta fuerza como lo hacían antes. No volveré a tener tus caricias. Tus miradas. Ya no me escucharás atentamente mientras yo veía tu cara sonreír. Ya no podré marcar tu número cuando tenga algo importante que contar. Ya no podré estamparte el cojín porque simplemente no estarás en mi sofá, no estarás en mi cama. No podré refugiarme en ti ni un día más.


Pero da igual. Cuando te vea haré como si fueras un conocido y ya está. Como si nada de esto me hubiera importado. Como si fueras un chico de esos que te lías en la discoteca y ya no vuelves a ver nunca más. Porque eso es lo que has sido, ¿no? Intentaré hacer como si nada importante hubiera pasado.


Y todo esto es porque te sigo odiando, como siempre te he odiado, tan dulcemente, como quería que me besaras.


La vida es un ciclo, que hoy ha vuelto a empezar.


2 oct 2008

2a Temporada: el estanque

Con hoy llevamos dos días a bordo sin pisar tierra, y quieras o no, se nota. Estamos cansados y tenemos ganas de llegar a Ko Pha Ngam, según nos han dicho es una de las más bonitas y tranquilas islas paradisiacas de Tailandia.

Esta noche nos ha sorprendido el mal tiempo, así que hemos tenido que arriar velas y apenas se veía nada. Vaya noche...! Menos mal que Yoon y Celine han navegado bastante. Yo no tengo ni idea, pero intento ayudarles en lo que puedo.

Por suerte, ahora apenas hay viento, así que el mar está calmado y el Sol brilla bastante, eso se agradece. Las vistas son increibles y es que el mar aquí es precioso. Las aguas tienen de un color verde turquesa que nunca antes había visto. Mirando a mi alrededor se puede tener la sensación de que hemos ido dando vueltas como tontos. Porque pierdes la vista mirando al mar y todo parece igual.

A Celine y a Yoon los conocí en Phuket. Ella es francesa y él es coreano, la verdad es que son geniales. El coreano se pasa el día hablando y Celine también. A mi me cuesta un poco entenderlos, porque mi inglès aún no es muy bueno, pero está mejorando a pasos agigantados.

La verdad es que a veces me apetece estar sola en la cubierta del barco, disfrutando del viento, del Sol, del cielo y del enorme mar que nos rodea. Otras sin embargo, aborrezco la soledad y preferiero sentarme junto a ellos y hablar durante un largo rato. Todo es complejo, porque a veces, aunque lo intento me doy cuenta que no puedo.

No es que no pueda, yo creo que la verdad es que no quiero. Quizá por eso estoy aquí en medio de la nada, porque me gusta desaparecer, me gusta esconderme. Mis ideas me han llevado hasta aquí en busca de algo, que todavía no sé que es. Cuando lo encuentre lo sabré.