20 dic 2007

Ni blanco ni negro

¿Qué ocurrirá? Pues irá bien o mal.

Todavía a veces pienso que las cosas pueden ir o bien o mal, y que los amigos o son buenos o son malos.

He vuelto a caer en esta simple y estúpida trampa. Esta disociación irreal que de pequeños nos creemos a pies puntillas. Ni superman vuela, ni los médicos hacen milagros, ni el amor dura toda la vida, ni un buen amigo es siempre bueno. Y es que no podemos estar felices siempre, pero es que ni siquiera podemos estar siempre tristes. Las cosas dentro de lo bueno a veces también pueden ir mal. Y en eso yo no había pensado.

Tengo el saco gris vació, sin embargo, los otros sacos están llenos de situaciones, de ilusiones, de amigos, de compañeros, de médicos, de actores, de películas, de escritores, de cantantes, de canciones, de psicólogos, de filósofos... unos por buenos y otros por malos. Por esa razón me acabo decepcionando.

Aún sigo teniendo esas ideas fantásticas en las que creo que nada malo puede pasar, ni a mí ni a nadie que me rodea. Es una forma de tranquilizarme y de creer que las cosas las puedo controlar.

Quizá un día lejano, o no, empezemos a sentirnos peor. Bien de golpe o poco a poco, pero podemos ir perdiendo capacidades... de andar, de oir, de ver, de razonar, de recordar. Duro golpe que solo tendría que servir para valorar más todo lo que ahora tenemos y que aún podemos disfrutar.

Un día es claro, otro día es gris, otro día es negro, otro día es...

12 dic 2007

En una caja

Me desperté a media mañana. Tenía un horrible dolor de cabeza y escuchaba un zumbido constante. Seguí en la cama. Algo no andaba bien.

Me sentía algo desorientada, quizá como ahora. Perdida en un laberinto interminable en el que hay miles de caminos a escoger. Con el Sol dándome de cara y con la desesperación de saber si el camino escogido me conduciría a alguna parte. Muy dentro de mi nacía la ilusión de encontrar aquel camino en el cual todo se vislumbra enseguida, donde las dudas, la inseguridad, la tristeza y la nostalgia fueran simples palabras sin sentido.

Opté por levantarme y dar por terminado mi estado de letargo. Pero el dolor de mi cabeza y los zumbidos no tardaron en recordarme que no estaba para dar muchos paseos. La pesadez y el frío invadió mi cuerpo. Fui directa al lavabo y al salir volví a acostarme, esta vez en el sofá.

Al cerrar los ojos volví a sumergirme en el laberinto. Abrí los ojos. Estaba cansada, sí, pero no me apetecía volver allí. Derrepente un sonido grave retumbó dentro de mi, alguien llamaba a la puerta -¿quién coño será a estas horas?- Fui a abrir de mala gana. Por la mirilla de la puerta apareció un hombre con una gorra verde y un chaleco de colores vivos. Pensé un momento, no sabía si abrirle. Pero siempre tengo el absurdo pensamiento que si me asomo por la mirilla ya saben que hay alguien. La puerta de mi casa da a una gran ventana y mi cuerpo hace sombra en el cristal de la mirilla.

Decidí abrir la puerta, un chico joven me entregó un paquete. Me quedé sorprendida. Era una caja más bien grande con tiras de celo por todas partes. Firmé en su cuaderno y entré en casa bastante contenta. !Vaya sorpresa! ¿Quién me enviará esta caja? No vi remitente, así que me dediqué a abrir la caja lo más rápido que pude, a la vez que me di cuenta que un líquido algo espeso goteaba de ella.

Al abrirla me quedé sin palabras... mi cabeza dentro de una caja.